Las plazas de Sevilla

LAS PLAZAS DEL CASCO HISTÓRICO

Plazas de carácter funcional

Hay en Sevilla un grupo de plazas vinculadas con los avatares de la vida pública de la ciudad, y que en un período determinado fueron centro de la política, religiosidad y sociedad sevillana. De este tipo son el conjunto de las plazas del Salvador y del Pan. Constituyeron un núcleo que englobaba el Foro, la Basílica romana y, posteriormente, la Mezquita, la Alcaicería, etc. A comienzos del siglo XVI se sitúan en la Plaza de San Francisco las sedes de las instituciones civiles. La ausencia de una auténtica Plaza Mayor hace que en el siglo XIX se lleve a cabo la tardía apertura de la Plaza Nueva como espacio representativo de la ciudad y fachada del Ayuntamiento.

Existe otro conjunto de plazas cuyo rasgo fundamental es el carácter mercantil, produciéndose una cierta especialización en función de la localización de dichos espacios en la ciudad; tal especialización se derivaba de la obligatoriedad de introducir ciertos tipos de mercancías por determinadas puertas de la ciudad. A este grupo se corresponden las plazas de la Alfalfa, Pescadería, San Lorenzo, etc.

Otro grupo menos numeroso pero con rasgos bien definidos lo constituyen las plazas gremiales, cuyos mejores exponentes forman la trilogía de las plazas de Zurradores, Curtidores y Refinadores. En ellas se asentaron los correspondientes hospitales o casas de hermandad desde fines del siglo XV y fueron utilizadas como cementerios locales, además de constituir auténticos núcleos de actividad laboral especializada.

Plazas de origen morfológico

Las Plazas-Puerta tienen su origen en las dilataciones que se producían frente a las entradas de los sucesivos recintos amurallados, tanto interior como exteriormente. Es destacable una frecuente configuración triangular como consecuencia de la convergencia de caminos exteriores, y el uso característico como punto de control de las mercancías y personas que entraban en la ciudad, como lugar de aplicación de justicia, y a veces como mercado especializado. Así son las plazas de la Puerta Real y de Triana, las plazas de Europa y de Santa María la Blanca.

Existe un buen número de plazas parroquiales que se sitúan frente a la puerta principal, a los pies del templo. Nacen en función de éste, por la liberación del espacio preciso al tiempo de la construcción de la iglesia, como ocurre en el caso de San Marcos o San Román. Un original tipo de plazas dobles tienen su fundamento en la sustitución de las primitivas mezquitas por templos cristianos que generan, al modificar las proporciones y la orientación, sendos espacios laterales. El mayor o Plaza Grande da acceso al templo y el menor se convierte en Cementerio parroquial y posteriormente en Plaza Chica. De este tipo son las plazas de San Vicente, San Isidoro y San Lorenzo.

Frente a ciertas casa-palacio y alguna institución o edificio público de carácter civil se plantean aquellas plazas cuya finalidad es la creación de un espacio de prestigio. Estos surgen por la compra de las casas necesarias para su posterior derribo y reordenación. Así ocurre en el caso de las plazas del Duque, Pumarejo y de Pilatos; o las plazas de la Contratación y Zurbarán.

Apartado especial merecen las plazas que nacen en el siglo XIX como consecuencia de las ideas reformadoras de los diferentes gobiernos. De esta centuria son las plazas de la Encarnación, la Magdalena y Santa Cruz y las plazas del Duque y de Doña Elvira. Tras el proceso desamortizador se proyectan las plazas del Cristo de Burgos y del Museo y la Plaza Nueva.

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